16 de febrero de 2014

Un cayado para bailar I



photo credit: cuellar via photopin cc


Presentación


Tras buscar en la wikipedia y en algún que otro portal especializado en el tema opté por la madera de olmo, según las fuentes consultadas es muy resistente a la putrefacción en ambientes húmedos, dura, hermosa y difícil de hender. Es el material perfecto para lo que quería fabricarme: Un cayado.

Un cayado para bailar.

Sí, habéis oído bien, querido o estimado, o fantástico público. Un cayado para bailar sin miedo, una tercera pierna, un apoyo para no caerme cuando pierda el equilibrio, porque lo perderé. Y lo perderé en todos los aspectos imaginables incluidos los imposibles. Porque para eso quiero bailar, para desafiar al equilibrio. Vayamos entonces entrando en materia con tranquilidad. Amigas, amigos, os contaré lo esencial, los prolegómenos y las razones. Bueno, las razones quizá me las ahorre, y no porque no tengan importancia ni porque me dé vergüenza airear mis miserias. Me las ahorraré, quizá, porque estoy seguro de que os aburrirían. A mí me aburren hasta el hartazgo. Oídlo bien: ¡HAS-TAEL-HAR-TAZ-GO!
Me aburren mucho mucho las razones, me aburren porque siempre quieren estar ahí presentes, incluso se disfrazan de otras palabras y se empiezan a llamar a sí mismas: motivo, excusa, leit motiv, impulso, motor, verdad... Las razones son un puto rollo, son verdaderamente agotadoras, incluso tienen un disfraz que casi roza la perfección, para que os hagáis una idea os diré que es como la famosa capa de invisibilidad de Harry Potter. Sí. Las razones se hacen invisibles para exigir más razones, para aumentar su ejercito de orcos razonables, si es que este concepto es posible. Pero no os alarméis, es fácil detectarlas. Cuando son invisibles se les pilla enseguida porque siempre, siempre, usan el “por qué”: ¿Por qué has hecho eso? ¿Y eso por qué lo dices?... Pero bueno, me estoy yendo del tema, no me permitáis divagar en exceso que como buen soñador sé hacerlo a lo grande. A lo que íbamos: mi baile.

Mi baile necesita tres magias esenciales: la de la palabra, la de la música y la del movimiento. Pensaréis que la primera es prescindible pero os demostraré que no, atentos:

Elegí la madera de olmo, como sabéis, porque es resistente a la putrefacción en ambientes húmedos. Y os aseguro que voy a sudar y a sacar mientras bailo todas las lágrimas de lo que dentro de mí quiera surgir cual alfaguara: alegría, pena, rabia, belleza, dolor... También porque es dura, hermosa y difícil de hender, como el alma. ¿Y veis la semejanza: olmo/alma? Sé que entre vosotros ya había alguno que se percató de este detalle, ¿verdad?. Sabed que con esta noble madera de olmo elaboraré mi cayado porque es así como bailaré, con el silencio, callado en toda la verdad de mi ser. Y me apoyaré en el ca-ya-do para no ca-er-me y bailaré, bailaré y bailaré hasta que todo se purifique.

El espectáculo está apunto de comenzar. ¡Muchas gracias!




8 de febrero de 2014

La canción latido de Sena



Photo credit: Pablo Gómez Leal / Foter / CC BY-NC-ND



El corazón habita un hogar oscuro,
dentro de ti, en lo invisible.
Concretamente en tu pecho.
Cierra los ojos, siéntelo.
¡Palpita!
Ahora eres tu propio corazón
y el corazón no ve con la mirada
pero observa
y actúa.

No sabes otra cosa que abrirte y encogerte,
no sabes otra cosa que vaciar y llenar tu alma,
no sabes otra cosa que florecer y replegarte,
no sabes otra cosa que el perpetuo movimiento de tu ser.

Eres la esencia vaporosa de una acción continua,
un no pararte ante nada,
tuyo es el amor, tuya es la vida,
¡palpita!
Ama, late, yace.



Hacía años que no espiaba cantar a Sena en los tejados del Amaraun en una noche sin luna. Solo su vestido blanco reflejaba la poca luz que podía recoger. Pensé que su vestido era como el corazón sobre el que cantaba, que atraía la luz y la reflejaba, que daba y recibía; incapaz de hacer nada más. No era un corazón de músculo y sangre, era un corazón de luz y tejido. Y entonces, como en una revelación mística o en una locura brillante, sentí palpitar toda la energía invisible que fluía a través de la noche, y me sentí dentro de ella, en lo invisible, concretamente en su pecho. Cerré los ojos y palpité. Sentí diastolizarme (o llenarme) y opté por bajar de aquel tejado en una sístole respetuosa y calma.

Las canciones de Sena siempre me mueven, son la esencia vaporosa de una acción sin fin. Pero son sus canciones, y sentí vergüenza de oír su latir a escondidas. Así que cuando bajé a la calle y me alejé lo suficiente vomité toda aquella sangre, dejando en el suelo un charco incoloro donde se reflejaba el cielo nocturno.
Después corrí y corrí y no me paré ante nada, y sentí que mío era el amor y que mía era la vida, y palpité como pude con los pies sin dejar de correr: el pie derecho diastolizaba y el izquierdo sistolizaba. Y en la oscuridad de la noche tropecé. Y me dejé yacer en el suelo con el rostro carmín y azulado, pendiente del ritmo de mi respiración, incapaz de hacer nada más.


10 de noviembre de 2013

Sena y la oniria (Sanación)



Photo credit: teo_ladodicivideo / Foter.com / CC BY-NC-ND


-Todo esto es lo que te puedo contar, a partir de aquí el resto de la historia tiene 2 versiones que no conozco, la de Jonás y la de Alhadira -dijo Praix a Sena mirando hacia ningún lugar.

Sena asintió con la cabeza y se acercó hasta el camastro en el que entre pequeñas convulsiones parecía soñar Jonás. Habían pasado un par de horas desde que le aplicara el aceite de oniria y, después de conocer la historia, era el momento oportuno para una imposición de manos. Le pidió a Praix que viera lo que viera, pasase lo que pasase, no se acercara a ellos y mucho menos se le ocurriera la idea de tocarles. Sena cerró sus ojos con lentitud de caracol mientras juntaba las palmas de sus manos a la altura de su pecho. Pasados unos minutos separó sus manos posando una en la cabeza y la otra en el pecho de Jonás, sus labios temblaron alguna oración y el aire de la estancia se volvió denso y cálido como un río de lava. Praix se inquietó y miró hacia la puerta como si una amenaza externa fuera a entrar de un momento a otro, Sena palideció y Jonás se puso rígido como una barra de acero.


Miles de imágenes comenzaron a rebosar dentro de Sena, imágenes de recuerdos que no le pertenecían: una danza en un círculo de fuego, boxeadores en un parque, confetis entre luces de colores, un chicle en una zapatilla, un grito en la cima del mundo, un coche en el bosque, té y jengibre, pan de chocolate... Cientos de imágenes que Sena apenas podía relacionar ni comprender. Se dejó inundar por ellas y evitó su comprensión. Praix observaba el rostro de su amiga cambiar y mezclarse entre lágrimas y sonrisas, entre muecas incomprensibles y gestos absurdos e intentó no preocuparse.

Sena sabía qué hacer. De los imaginartesanos aprendió a crear como ellos, aún no era capaz de mantener una proyección como es debido pero podía hacerla visible durante unos segundos. Y en ese mismo instante, mientras seguía inundándose de imágenes ajenas, se le ocurrió que quizá podría crear una proyección dentro de su amigo, una proyección con la suficiente fuerza como para sanar el disparo. Y lo hizo:

Una mujer aún sin nombre y con ropa de mariposas caminaba descalza por el lado de un puente mientras el sonido de un banjo acompañaba la escena, por el otro lado avanzaba Jonás trajeado con globos. Al llegar ambos al ábside no se abrazaron, solo se miraron, se dijeron un sí y saltaron al río, hacia su desembocadura.




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El puente de los abrazos





31 de octubre de 2013

El puente de los abrazos




Photo credit: tetegil / Foter.com / CC BY-NC-SA


En aquella parte de Entremundos había muchos tipos de puentes pero éste formaba parte del paisaje, lo enriquecía. Era uno de esos tipos de puente que imaginas cuando piensas en la palabra: Construido en piedra, con arcos apuntados; un puente curvo, con pretiles y calzada; un puente que une las dos orillas paralelas de un río; más que eso: era un puente de peregrinos. Me quedé suspendida sobre la rama del arce, elegí este árbol porque me fascina su otoño, pero la rama cedió por mi peso hasta quedarse la parte inferior en contacto con el agua. De vez en cuando me salpicaban algunas gotas y dos ramitas comenzaron a chocar entre sí haciendo un sonido constante de claqueta. Aquel ruido acabaría delatándome. Decidí cambiarme de rama o de árbol pero una sombra invadió el puente y me quedé, tan quieta como un jugador de ajedrez concentrado en un movimiento importante me quedé. Pensé, y creí, que mucho más natural acabaría pareciendo el ruido de un par de ramas que chocan entre sí mecidas por el agua que los movimientos de un cuerpo haciendo el mono, así que me quedé donde estaba, con suerte y la ayuda de la penumbra no me verían. Unas gotas de agua me salpicaron a la cara, las ignoré, como también ignoré el frío que intentaba invadirme, el sitio elegido se había vuelto incómodo pero ya no había marcha atrás. Creo que era Alhadira la que comenzó a avanzar hacia el ábside de la calzada del puente desde la margen izquierda, me pareció que llevaba el pelo cubierto con un gorro de lana de color gris y un abrigo ajustado, Jonás iba a su encuentro desde el lado derecho ataviado con un comando oscuro. Se pararon un segundo, como indecisos, después se abrazaron, un abrazo de reconocimiento y búsqueda aunque a mí me pareció el abrazo de dos seres perdidos. Alhadira se quedó mirando hacia el origen del río mientras que Jonás lo hacía a su destino. A mí esos detalles me llaman mucho la atención y te diría que me pareció un gesto muy simbólico: ella mirando al pasado, él al futuro, y el presente representado como un abrazo sobre un río imparable. Menuda imagen, ¡qué fuerza!

En mi humilde opinión, que a pesar de ser humilde lleva consigo el peso de todos los siglos vividos, y ya son muchos, los abrazos son tan bonitos como peligrosos, tienen un lado oscuro. Te hacen mirar por encima del hombro de la otra persona y en dirección opuesta, por eso pienso que es mejor cerrar los ojos en un abrazo. Desde donde me encontraba no distinguía sus ojos pero tengo mis intuiciones sobre aquel encuentro, como buena guardiana me las guardo para mí pero ya se verá.

Sé que la función de un enlazador es coser coincidencias, hechos, sueños, señales… Y quizás Jonás sea el mejor de los últimos tiempos pero créeme Ventura que esta vez no se enteró de nada, parecía que el río fluía por su corazón y por su cabeza en vez de por el cauce. Y ahora viene lo extraño, la razón por la que te cuento todo esto: Jonás y Alhadira decidieron dar un paseo bordeando el margen por el que yo estaba escondida. Creo que Jonás se había olvidado por completo de que yo andaba por allí esa noche y estoy segura de que no me vieron pero sí que miraron hacia donde me escondía, era imposible obviar el clac clac de las ramas. Estaban muy cerca y pude escuchar sus palabras. Jugaron a que aquel ruido era el sonido producido por algún duende o ninfa, o alguno de esos seres imaginarios en Entremundos, que aplaudía de alegría por el reciente encuentro y Jonás le propuso a Alhadira que le pusiera un nombre. ¿Y sabes qué nombre se le ocurrió? Efectivamente, ese mismo. Podía haberse inventado mil nombres pero no, Alhadira dijo: ¡Aya!

Me quedé de piedra, como Gabriela.



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16 de octubre de 2013

Aya en la orilla




Photo credit: ellhoisa / Foter / CC BY-SA


-Aquí en Járiga tenemos a bien el uso de la magia y no necesitamos la mayoría de los artefactos rudimentarios que usan en Entremundos. Para que nuestra magia sea eficiente en aquel lugar hay que convertirla o traducirla como si fuera un lenguaje diferente, por decirlo de la forma más precisa posible -explicaba Praix a una niña con mirada de mujer atenta a sus palabras-. A Alhadira le llegó el mensaje enviado desde los tubos óricos a modo de publicidad, por correo electrónico, un boletín para un curso de teatro. No necesitas saber qué son estas palabras, te baste saber que los hilos de los telares de Ílade harían el resto. Deberías saber también que esta parte de la historia se hubiera quedado oculta, más bien a las orillas, como deambulando, si Aya no le llega a contar a Ventura qué pasó en aquel lugar. Los guardianes no son muy dados a contar detalles de sus trabajos pero algo sucedió para que Aya no pudiera contenerse. Fue el mismo Ventura el que me contó los hechos tal y como se los relató a él:

Llegué a aquel puente un par de horas antes. Paseé por ambas orillas, el río bajaba con fuerza y caudaloso. Era final del invierno en Entremundos y el frío se dejaba ver como si fuera el humo de una hoguera inversa. No había decidido el lugar desde donde protegería el encuentro y me quedé sentada sobre el pretil del puente durante un rato, sumida en mis pensamientos. Había una parte mía a la que no le gustaba que ese “sin raíces” de Praix me hubiera enviado a este asunto, sin embargo debía reconocer que era un tipo listo, sabía que nunca le haría un favor por su condición, no me gusta la gente sin apellidos, pero a pesar de todo me guarda respeto y jamás me dirige la palabra, siempre se acerca a mí con un interlocutor, como tú por ejemplo, y le habla y le mira a él, ignorándome por completo; y eso me hace bien, no puedo ir en contra de mi naturaleza divina, repudio a todos los hombres como él, a todos los que han nacido como mala hierba engendrados en una semilla. Si supieran como yo cual es el origen del primer hombre de ese tipo… Pero los tiempos han bailado tanto que algunos de ellos casi merecen mi respeto. Ojalá no tuviera estos pensamientos benevolentes hacia esos seres, ¿no puedes entenderme, verdad? Se me retuercen los adentros solo de sentir algo así. No, no puedo luchar contra mi naturaleza. Pero dejémoslo aquí.

El tiempo se me pasó como arrastrado por el río, el momento del encuentro se acercaba y decidí guarecerme en las ramas bajas de un arce. Debe ser que en los telares de Járiga se urden las coincidencias del mundo, porque casi me vuelvo humana del susto cuando Alhadira me llamó por… Me estoy adelantando a los hechos, y es preciso seguir su orden.




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10 de octubre de 2013

El plan improvisado



Photo credit: Thomas Hawk / Foter / CC BY-NC


-No me puedo creer que enviaras en esas condiciones a Jonás a Entremundos-, dijo Sena cuando el silencio dejó de ser tan sonoro y se emancipó del lugar. Así evitaba hablar de aquella intrusión en sueño ajeno, ya habría tiempo de hacerlo cuando lo asimilaran, así le pareció que pensaría también Praix y lo observó colocarse la mano entre la sien y el ojo, cerrando ambos párpados. El gesto parecía poco delectable y, según Sena, la evidencia firme de un repentino dolor de cabeza. Era muy posible que la experiencia se lo hubiera provocado, ella en cambio se sentía físicamente bien. Lo miró con algo de preocupación pero él no dijo nada al respecto, tensó el cuello y las axilas para contener un bostezo, miró hacia la puerta como si pudiera entrar de un momento a otro alguien más y luego le contestó que ya sabía que las condiciones no eran las más adecuadas y que tenía el presentimiento de que las cosas podían no ir del todo bien, los Mamus se estaban haciendo fuertes allá.

-Por fortuna, Aya, estaba dispuesta a colaborar. Como soy un chico sin apellidos la guardiana de las orillas no me permite hablar con ella, así que tuve que echar mano de un intermediario. Me ayudó con ella Ventura, el tabernero de La Curia. Lo cierto es que elaboramos el plan sobre la marcha, improvisando más que elaborando. Jonás ya estaba intentando conseguir información para localizar el puente de Entremundos donde supuestamente se encontraría Aya y tarde o temprano intentaría localizarla directamente a ella para conseguir la información, teníamos que evitar que esto último sucediera. Lo preparamos todo para ese mismo día, a la noche. Yo me volví a Söen y envíe una comunicación a Alhadira mediante los tubos óricos, Aya se marchó para Entremundos y Ventura se encargó de hacer saber en qué puente se encontraría a los chismosos de la taberna. La información corrió como un guepardo hasta los oídos de Jonás y yo crucé los dedos.




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4 de octubre de 2013

Interludio (Miosis)




Un grito rompió la pausa valorativa sostenida entre Praix y Sena, su amigo parecía haber entrado por fin a las ensoñaciones provocadas por el aceite de oniria y lo hacía por la puerta grande. Aunque para Sena aquel grito y toda esa tensión no eran más que síntomas normales, a Praix le parecieron aterradores y quiso hacer algo para ayudar. Se acercó hasta el camastro con la intención de dar calma a su amigo y en un espasmo Jonás lo agarró de la muñeca con tanta fuerza que le hizo gruñir de dolor. Sena se asustó, nunca había visto a ningún “onírico” apresar a nadie, le parecía un hecho insólito e intentó abrir la mano con la que lo apresaba. El tiempo quedó quieto en ese instante como un maniquí y, quizá por contagio o por la amistad que les une, los tres fueron partícipes de uno de los sueños de Jonás. Se proyectó en sus mentes como algo vívido y desconcertante mientras que las pupilas de Sena y Praix se contraían como las de un gato.





Tras la experiencia común, Sena sintió que aquello era más una pesadilla que un sueño, el silencio quiso acurrucarse en postura fetal muy cerca de los tres, en el suelo, junto al camastro; la habitación se inundó entonces con el liquido amniótico del que se alimentaría el silencio, y se fue gestando a sí mismo durante horas hasta que llegó el momento y nació. Y se quedó a vivir. 





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30 de septiembre de 2013

Ingeniería tenue



Photo credit: Luz Adriana Villa A. / Foter / CC BY


La ingeniería tenue es una ciencia tan vieja como el origen de los mundos, tan sutil como la evaporación de un charco y tan efectiva como el veneno de serpiente cristalina. A pesar de pertenecer a la magia ancestral se puede decir de ella que es una disciplina olvidada, solo la Niña-Reina la conoce con profundidad. Ella ha sido la instructora de Praix y, aunque no es dada a desvelar sus secretos y su carácter se define más imprevisible que el clima en las estaciones medias, decidió instruir a su leal ayudante porque eso repercutiría en su beneficio. La ingeniería tenue consiste en un tipo de artificio psicológico mediante el cual la víctima se siente tentado/provocado a realizar lo que se le pide que no haga. Praix no era más que un iniciado pero supo llevar a cabo su actuación con la ayuda de la piedra que llevaba en el bolsillo. Era una verdina, un tipo de piedra que favorece la concentración y calma los nervios.

-Jonás, el contenido del mensaje iba dirigido a ti. No estoy autorizado a desvelar nada de lo que decía, ni siquiera debería haberte dicho a quien iba destinado pero tómatelo como una licencia que me permito por deferencia a nuestra relación. Me gustaría encargarme personalmente de este tema, viajaría con gusto a Entremundos pero ha habido muchos problemas en los telares de hilo vetcha y me va a ser imposible, tampoco quiero que vayas tú. Y menos ahora que sabes que el mensaje iba dirigido a ti. No me interpretes mal, eres el mejor enlazador de Járiga pero no sé dónde se encuentra el puente del que habla la nota y tampoco sé cuando aparecerá Aya por allá. Así que esta vez lo dejaremos pasar, si ha ocurrido una vez debería pasar más veces, ya tendremos tiempo de averiguar cómo ha sucedido. Escúchame bien: ¡No quiero que vayas a Entremundos por esto, no estás preparado aún y no es un asunto urgente! Dime que me has entendido.

Jonás me miró confuso, asintió con la cabeza aunque con torpeza. Estaba claro que la ingeniería tenue había sembrado su semilla; no solo eran las palabras que le dije, esta disciplina solo funciona acompañada del lenguaje corporal adecuado y algo más intangible. Estaba seguro de que Jonás acudiría a Entremundos aún sin saber a qué se enfrentaba, aún no teniendo definida su misión. Lo leí en sus ojos y no quise añadir más sobre el asunto, así que continué, esta vez con otros temas también relacionados con el lugar a donde se dirigiría en breve sin mi permiso, pero con mi consentimiento mudo. Quería prevenirle del gran movimiento de Mamus que habíamos detectado desde los telares del barrio de Henoc.  -Y cambiando de tema, he de decirte que los mundos se están moviendo últimamente con un baile agitado. La producción de hilo vetcha ha aumentado de manera exponencial en estas jornadas y bajo mi experta que no infalible opinión, eso significa que hay un número insondable de Mamus sueltos. Y me inclino a pensar que una gran parte de ellos están haciendo de las suyas en Entremundos. Si esto sigue así tendré que encargarte un asuntillo, ya sabes. Por el momento no creo que sea necesario pero me gustaría que estuvieras preparado por si acaso.

Después seguimos paseando y le conté a Jonas que aquella hoja plateada que había visto en el extremo de una de las ramas del árbol blanco no era una hoja cualquiera, se trataba de la hoja patrón del árbol níveo y la utiliza como ejemplo para cuando la primavera llama, si alguien la arrancara, ese ejemplar de níveo estaría condenado. Desde la base en la que antes estaba unido el pecíolo comenzarían a brotar tímidas gotas de savia que al contacto con el aire se volverían oscuras y que recorrerían y cubrirían el árbol en su totalidad, y poco a poco pero con constancia en menos de tres meses el árbol cambiaría su color blanco por el negro, convirtiéndose así en su sombra. Y un buen día, sin previo aviso y en cuestión de segundos se desharía en pesadas cenizas, una especie de lluvia negra que dejaría un círculo negro en el lugar donde antes se erguía. Ver la muerte de un árbol níveo es algo espectacular pero solo habita en los jardines del Amaraun y muy pocas personas tienen acceso a ellos. Es posible que Jonás confundiera el árbol níveo con un avertel blanco, son muy parecidos, la verdad; pero el avertel se desprende de todas sus hojas y éstas no son plateadas sino grises.

-¿Me quieres decir que enviaste a Jonás a Entremundos para encontrarse con Alhadira, sin saberlo, cuando más actividad de Mamus había?

-Sí.



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Interludio (Miosis)



26 de septiembre de 2013

Los jardines blancos



Photo credit: Thomas ♫ / Foter / CC BY-NC-ND


Le conté a Jonas, eludiendo a propósito el nombre de Alhadira, que había ocurrido un hecho insólito en el corazón de las comunicaciones de Járiga:

-No es de un tema banal del que quería hablarte, ¿te parece si caminamos hasta la fuente de la araña? Adelante… Una nota se ha colado en nuestro sistema, no es un mensaje importante y en mi opinión no entraña peligro pero sí que cuestiona el buen funcionamiento de nuestra seguridad. Si el mensaje se ha filtrado casualmente por una falla quiere decir que hay un modo de entrar. Pero ya estamos trabajando en ello, hay una quincena de técnicos revisando Söen, aquello es un dédalo, una verdadera locura de tubos y nodos y distribuidores y… Pero a ti te quería hablar de Entremundos, Jonás. Pocas personas conocen qué es ese lugar, creo que una buena definición sería que es una línea que pasa por todos los seres y cosas, uniéndolos en una realidad que pueden compartir en un mismo tiempo.
Fuera de esa línea hay otras infinitas líneas que jamás se encuentran, otras que se tocan un instante, otras que se suman a otras líneas… Bueno, opciones infinitas para líneas infinitas, o mundos. La particularidad de Entremundos y la magia de ese lugar es muy sencilla: es común para todo lo que existe. Ya sé que no te estoy descubriendo nada que no sepas pero esta explicación me sirve de base para continuar. Como buen enlazador sabes que Járiga está conectada a Entremundos por medio de 24 puertas, solo visibles para quien sabe encontrarlas. Pues bien, quería saber tu opinión: ¿Es posible hallarlas por azar desde allí?

-Estadísticamente es improbable pero no imposible, se han de dar muchas casualidades, muchas coincidencias para que alguien pueda encontrar una de las puertas. Por lo tanto, sí, es posible hallarlas por azar-. Respondió Jonás mientras miraba las ramas desnudas de un árbol blanco. Algo llamó su atención, una hoja de color metálico que colgaba firme de una de las ramas más jóvenes. -Mira, Praix, aquella hoja aún aguanta, se ve que el otoño no ha podido con ella.

Praix ni siquiera miró, tampoco le dijo a Jonas que los árboles níveos siempre se guardan una hoja como patrón para cuando llegue la primavera pero sí que aprovechó la ocasión para preparar su ingeniería tenue, asintió con un “jum” como apoyando su comentario y metió la mano en el bolsillo interior de su levita, en ella una piedra de color pistacho al contacto con su piel comenzó a coger temperatura.



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Ingeniería tenue



22 de septiembre de 2013

Los tubos de Söen y Alhadira



 
Photo credit: euzesio (seldom here) / Foter / CC BY-ND


Los mensajes, que jamás debieron ocupar este medio, llegaron hasta Járiga a través de los Tubos se Söen; como ya sabes soy el responsable del buen funcionamiento de estos canales pero aquel día delegué mis funciones a Saiskit, el joven de las diez bocas. No pongas esa cara, le llamamos así por que habla mucho, demasiado, pero es muy bueno distribuyendo las comunicaciones. Yo mientras tanto y por orden de la Niña-Reina me dediqué a controlar la zona de extrusión y como pude, a ratos, también los telares de hilo vetcha. Fue un día de mucho trabajo, una locura. Al día siguiente Saiskit me puso al tanto de los problemas de la jornada anterior y de todo lo que quedó pendiente, y si no lo paro me pone también al corriente de las andanzas de su hermana, de la relación entre lo que comió por la mañana y su dolor lumbar y de su opinión sobre los nuevos bancos instalados en Plaza Grande, también me dijo que había llegado un mensaje que no sabía descifrar y que era la primera vez que veía una epístola así en los tubos. Me encargué de ella después de planificar el día y de aventar los temas irresolutos del anterior. Nada más verla, supe enseguida que se trataba de una nota de Alhadira, una tímida misiva en la que intentaba retomar el contacto con Jonás. No puedo contarte el funcionamiento de los Tubos de Söen, es un secreto que guardo con mi vida, lo que sí te diré es que es muy complicado que este tipo de mensajes circulen a través de ellos, y eso es lo que me hizo darle importancia. Saiskit no pudo descifrarla porque no conoce el castellano, como la gran parte de la población de Járiga, y con seguridad sería la primera vez que ve algo escrito con esos símbolos, le debieron de parecer harto extraños.

Medité mucho qué pasos dar respecto a la nota de Alhadira. Sé que Jonás la olvidó accidentalmente el día en que logró escapar de la mente de Nimrod y no me veía capaz de evaluar si sería mejor que volvieran a encontrarse o no. Cabía la posibilidad de que Jonás no la recordara pero y si… Y me pregunté muchos más “y si…” y aprovechando que Aya, la diosa y guardiana de las orillas estaba dispuesta a vigilar y proteger aquella cita decidí hacer uso de la ingeniería tenue para provocar el encuentro.

Jonás llevaba una temporada un tanto sensible de más y alguna vez se negó incluso a llevar a cabo encargos directos de la Niña-Reina. Yo relacioné esos cambios en su comportamiento con la pérdida de recuerdos que sufrió, no debe de ser nada fácil ser consciente de la amputación de parte de ellos, sobre todo si son intensos, y los relacionados con Alhadira eran como un amanecer estival para él. Sé que contigo también habló alguna vez de ella -Sena asintió sin abrir la boca- pero yo me lleve casi todas su charlas. -Miró hacia Jonás e hizo una pequeña pausa-. Deberías haber visto cómo me habló de la chica silenciosa, así era como la llamaba, la comparó con la chrysiridia y la maravilla y la buscaba en todos los ojos a los que miraba. Cuando perdió los recuerdos el énfasis de su espíritu se fue volviendo poco a poco lejano como la mirada de un muerto y cuando los que estábamos a su alrededor percibimos el cambio éste ya había sucedido.

Hablé con la Niña-Reina del tema de Alhadira y me dio algunas pautas interesantes para sacar más jugo de la ingeniería tenue. Cuando estuve preparado llamé a Jonás y lo invité a dar un paseo por los jardines blancos del Amaraun.

Sena toca con delicadeza la mano de Praix para que interrumpa su relato, se levanta del incómodo banco y coge otro par de gruesas mantas, Jonás está tiritando y si no lo protege del frío es posible que en un rato convulsione como un pez fuera del agua. Lo arropa con cuidado y se queda un rato con los ojos cerrados asida de las manos del enlazador, cuando éste parece haber entrado en calor se dirige de nuevo hacia Praix, se sienta a su lado, le sonríe con cansancio y le indica que continúe.



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19 de septiembre de 2013

Precedentes




Photo credit: titoalfredo / Foter / CC BY-NC-SA


La canción entró por algún resquicio en la mente de Jonás fundiéndose con el enteogénico aceite de oniria, y aunque el enlazador no dormía, nítidas imágenes se iban formando en esa especie de sala de cine donde se proyectan los sueños. La intención de Sena era que su amigo transmutara su miedo, que de aquello que le había ocurrido aprendiera lo esencial, apartando a los demonios; para ello la oniria de fresno blanco era la más adecuada: minimizaba las pesadillas y las zonas oscuras como el rencor y la culpa e impulsaba los buenos momentos, hasta el punto de acabar agradeciéndolos; y todo esto al modo de los sueños, con un surrealismo y sugestión que roza el sinsentido. Para Sena, que a pesar de ser siempre niña y soportar esa condena con todo lo que conlleva (amores que envejecen o un cuerpo estancado en su desarrollo, además de la poca consideración que los “adultos” prestaban a su opinión), la existencia consistía en elegir siempre en positivo. Pero no solo en una elección o decisión sino en todo su árbol, porque no siempre las cosas salen como te gustaría ni son como tú pensabas y es mejor adaptarse al cambio una y otra vez luchando por construir, no por abandonar o destruir. Y las dos últimas opciones tienen cabida si forman parte del camino a la edificación de la causa. Así tomó ella el aprendizaje de la existencia y quizá por eso una de las frases que más le gusta es esa que dice Praix de que en el color blanco viven todos los colores. La mano que tiene cogida eleva su temperatura y la niña eterna sabe que Jonás está empezado a soñar imbuido por los efectos de la droga, ella sigue cantando la canción en su estrofa final con una cadencia hermosa y soporífera, el vello de los brazos de Jonás se eriza y Sena conoce que su amigo acaba de entrar en el mundo de la oniria. Se aparta con cuidado en busca de unas mantas más gruesas y calientes porque ahora comenzarán los escalofríos y los temblores. El sueño producido por la oniria de fresno blanco suele ser reparador y magnífico para el que lo vive, pero desde fuera para quien contempla ese cuerpo dormido y febril pareciera todo lo contrario: Temblores, espasmos, sudor, cambios de color en la piel desde el rojo casi amoratado hasta el pajizo casi cadáver, murmullos, gritos, tensión mandibular, puños apretados, laxitud extrema… Una abanico de estados y síntomas nada agradables de contemplar.

Praix entra por la puerta seis horas después de haberse ido a descansar, apoya el intento de Sena para ayudar a Jonás mediante el aceite de oniria y la toma de ambas manos. -He de contarte todo lo que sé, yo envié a Jonás a Entremundos a una tarea peligrosa para él, creo que será importante que sepas lo ocurrido-. Praix se sienta junto a ella en el incómodo banco de madera frente al camastro y comienza a relatar su historia:

-Los mensajes, que jamás debieron ocupar este medio, llegaron hasta Járiga a través de los Tubos se Söen...



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16 de septiembre de 2013

Aceite de oniria



© MaríaPan


El Aceite de Oniria penetró a través de los párpados de Jonás ayudado por el suave masaje circular que Sena, la niña eterna, aplicaba con templanza. Hacía mucho tiempo que su utilización estaba prohibida pero en opinión de Sena ese veto era una postura necesaria para evitar su mal uso, ocurrieron casos realmente dramáticos en el pasado y era preciso alejar de esta joya natural a los irresponsables, a los necios y a la gente sin escrúpulos. Su fabricación es realmente simple, la única dificultad estriba en saber diferenciar a la Cypella Onira del resto de cypellas, cosa bastante complicada de hecho y que muy pocos saben hacer sin recurrir al azar, el resto de cypellas son inofensivas e inocuas. Una vez conseguido esto solo hay que hacerla macerar en aceite de maravilla, no sirve otro, durante tres lunas crecientes enterrada junto a la raíz de algún árbol. Hay quien dice que es mejor el álamo pero Sena prefiere el fresno blanco, y aunque parezca una tontería la elección del árbol determina los efectos que acabará produciendo la oniria. A modo de ejemplo, si maceras la Cypella Onira junto a la raíz de un haya su efecto suele ser intenso y corto pero si la maceración se hace en un manzano el resultado puede ser imprevisible. Hay árboles que es mejor no usar, como el roble venenoso, macerarla junto a las raíces de este árbol induce a una pesadilla tan incontrolable que en la mayoría de los casos acaba en muerte o coma irreversible. El fresno blanco tiene propiedades beneficiosas para la inducción al sueño con aceite de oniria, suele apaciguar los aspectos negativos de la ensoñación y transformarlos en útiles para el alma, no en vano la madera de este árbol se utiliza para la fabricación de guitarras y otras artesanías. Cada raíz elegida tiene también la particularidad de hacer cambiar de color al aceite en una danza de arabescos hipnóticos, la del fresno blanco transita un espectro de blancos, verdes, tierras y azules oceánicos inconfundibles. 

Mientras Sena continúa masajeando los ojos de Jonás recuerda una de las canciones que aprendió en una de las raras ocasiones que pudo viajar a Entremundos, la vio escrita en un muro y luego no sabe cómo aprendió su música, a su juicio quien la escribió debía tener estrellas en las manos y la noche enredada en el pelo*. Sena se puso a cantarla apenas sin darse cuenta de que lo hacía, sus labios parecían bailar al son de un ritmo oculto y delicioso, y tan bella era la canción que en cada pausa el silencio intentaba imitarla:


Volviste desde tan lejos
para estar tan cerca...

Cuando respiro hondo y cierro los ojos,
los duendes aparecen y
el ángel que te guarda despierta:

Vuelves cuando duermo,
duermo para que vuelvas
”.*




* La que tiene estrellas en las manos y la noche enredada en el pelo es la autora real de la canción que canta Sena. Ella vio la letra en un muro pero no se fijó en la firma. La obra se titulaba La noche de los locos III y en el margen inferior derecho ponía: MaríaPan.




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14 de septiembre de 2013

Dentro del cubo




Photo credit: bernat... / Foter / CC BY-NC-ND


Apunto está de salir el sol por los Montes Cautivos cuando Sena llega a la habitación del Amaraun donde dejó ayer a sus amigos, no llama a la puerta y entra con cuidado. Praix no la percibe y ella se queda a observarle desde allí tan quieta como una cariátide. Él se afana en limpiar la sangre del torso de su amigo con gasas y una loción limpiadora, gasta cuidado y delicadeza al tiempo que sigue murmurando sus enigmáticos salmos sanadores. Sena guarda en secreto su amor de mujer por Praix y para no emocionarse con lo que ve, para romper el hechizo, habla en tono suave: -Buenos días, ¿qué tal se encuentra nuestro enlazador?
Praix contesta con un gesto de ignorancia resignada, casi apática. Se hace un silencio largo.

-¿Y tú, qué tal estás tú, Praix?

Otro silencio… Aunque esta vez quiso hacerse de plomo y quedó fijo en el suelo contaminando el ambiente con su color gris y su pesadumbre de plastilina hasta volverse incómodo como una cama de riscos. Praix bufó, paseó por la habitación con la urgencia de un loco perdido en una sala y el silencio de un verdugo prendido en los labios, acto seguido se echó a llorar como un fuerte viento a ras del océano y por un instante pareció ser otra vez de noche, sin que jamás hubiera existido este amanecer de Septiembre. Parecía habérsele caído el alma a los pies, los pies al infierno y el infierno a la cabeza. 


-He podido rozar, solo rozar con mi magia empática su persona. ¡Créeme, Sena, está jodido! Es necesario que se recupere de este estado, cruzo los dedos para que así sea y nosotros hemos de ayudarle. Aparentemente está inconsciente mientras el mausand hace su efecto pero no es así, está tan despierto como tú y como yo pero no puede salir de su dolor, da vueltas y vueltas alrededor de él incapaz de escapar en un estado de sueño e insomnio a la vez. ¿Sabes eso de que la salida a un callejón sin salida es la entrada? Pues en este caso Jonás está dentro de un cubo, no hay salida ni entrada, y la sensación que tengo es como si temiera dañar a alguien o algo si escapara, que está preso en él por voluntad propia. Sena, tú y yo sabemos que es el mejor enlazador de los últimos tiempos y que podría conseguirlo por sus propios medios, el problema es que no quiere, es como, perdona que me repita, si temiera dañar a alguien o algo o como si quisiera protegerlo de sí mismo. He sentido su bloqueo, siente que solo por existir puede dañar aquello que ama, aún sin querer, y se siente culpable por ser. No sé, Sena, quizá haya sido invadido por un Mamu, quizás deberíamos alertar a la Niña-Reina, esperar a que sane por sí solo, no sé…

Praix a duras penas contenía las lágrimas mientras le contaba a Sena su experiencia empática y ella se había convertido en un deshielo mudo, nada quería decir ni nada podía decir. Se acercó hasta Praix con su cuerpo eterno de niña y le pidió por gestos que se agachara, tomó la cabeza sobre su pecho y con una imposición de manos le liberó de parte del dolor que se le había contagiado al empatizarse con Jonás, luego le rogó que se marchara a descansar y le besó en la mejilla. Lo contempló marchar con la mirada encendida hasta que cerró la puerta, ella se dirigió hacia donde yacía Jonás, tomo su mano y se concentró en transmitirle paz. Se aproximó a su oído y le susurro: -Estoy aquí, Jonás, yo te ayudaré a tejer tu traje y te cantaré mis canciones-. Sacó un pequeño bote de cristal que contenía un líquido denso como glicerina y que cambiaba de color y mojándose los dedos índice y corazón masajeó los ojos del enlazador.



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11 de septiembre de 2013

Convalecencia




Photo credit: Carlos Luna / Foter / CC BY


-Ha perdido mucha sangre. ¡Apresúrate, trae un poco de mausand y unas gasas limpias! 

Praix mantenía la mano sobre el pecho de Jonás obstruyendo la herida al tiempo que murmuraba un salmo que aprendió de niño. Sena trajo el ungüento y las gasas, le temblaba el pulso y palidecía de preocupación. Ella misma manejó el mausand con presteza y lo aplicó sobre la herida, una vez taponado el agujero limpió como pudo la sangre seca usando un par de gasas y solo cuando terminó su tarea preguntó a Praix por lo sucedido. -No puedo responder a eso, solo sé que una intuición me llevó a socorrerle. Hacía tanto tiempo que no pisaba Entremundos que el viaje ha sido casi doloroso, usé la magia de la empatía con las cosas y cuando llegué no tuve tiempo de empatizarme con el proyectil. Vi caer a Jonás y lo traje hasta aquí. Eso es todo. No puedo contarte más. Espero que el mausand funcione y que tu pregunta no se convierta en una incógnita irresoluble.

El mausand se fabrica con lanolina, hoja de ficus religiosa machacada y con veneno de serpiente cristalina en una dosis ínfima pero necesaria, sin este veneno mortal no sería más que una vaselina para la protección labial. La serpiente cristalina es un ofidio del tamaño de un dedo anular que habita exclusivamente las orillas del lago Kinshuó. El hecho de ser tan pequeña y de habitar en una zona tan restringida unido a su color casi transparente, aparte de convertirle en un animal peligrosísimo, su veneno es tan fuerte que paraliza el cuerpo de un elefante en menos de 2 segundos y le provoca la muerte en el tercero, hacen que conseguir su preciado y temido veneno sea muy difícil. El mejor cazador de serpiente cristalina no atrapa más de 3 por año, aunque cazando un solo ejemplar se podría vivir tranquilamente sin grandes lujos un par de años, si no te muerde, claro; por lo general estos cazadores llamados Totes no suelen llegar a viejos. La mezcla de ficus religiosa y veneno de cristalina funciona como un potente astringente y magnífico analgésico además de otras propiedades curativas. Praix se retira en busca de unas mantas y Sena se queda al cuidado de Jonás tomándole de la mano, canta una de sus canciones y una lágrima que ella no percibe cae por la mejilla del enlazador. Praix vuelve, arropa con cuidado a Jonás y le pide a Sena que salga de la habitación y que trate de descansar, que esta noche hará guardia él y mañana la hará ella. Sena quisiera rebatirle y decirle que descanse él, que estará cansado del viaje… Pero se despide y cierra la puerta con cuidado. Praix vuelve a murmurar sus salmos curativos y la noche y el sueño lo atrapan con sigilo.



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6 de septiembre de 2013

El disparo



Photo credit: ArmandoH2O / Foter / CC BY


Hay miedos que te hacen errar y cuando llegan en milésimas de segundo como diablos enfurecidos o, peor aún, como indecisión o excusas y titubeos, entonces pasa: ahí se produce el error e irremediablemente yerras (y ya se sabe que el error se forja en hierro). No tienes escapatoria posible, el mundo gira y se convierte en una lavadora gigante que centrifuga y te marea y le echas la culpa de todo y vomitas la hiel, el alma y hasta el pelo. No hay escapatoria posible, acabas de meter la pata y ya está; el mundo gira pero tú no deberías darle más vueltas. Pero se las das. Por eso eres lo que eres: un pequeño mundo que da vueltas dentro de otro mundo.

Mi nombre es Jonás, me encuentro en Entremundos y me acaba de alcanzar un disparo. Yo sé que estoy muerto, sin embargo Praix me dice que no sienta bobadas. Me pone una mano que se vuelve carmesí en el tórax y me sonríe. -¡Vámonos a Járiga, amigo, tengo muchas cosas que contarte, no sabes cómo… Bueno, vente y te lo enseño!

Confío en él, me cae bien. Cierro los ojos y me dejo ir.